Carta de una mujer egipcia al presidente Sisi

Querido Sr. Presidente,
espero que se encuentre bien al recibir esta carta. Por favor, déjeme presentarme. Soy una
mujer egipcia.

Permítame comenzar diciendo por qué he escrito esta carta. Tengo fe absoluta en mi país. No solo creo en el poder de mi gente, sino que
también creo en los pilares que mantienen unida
nuestra sociedad. Como egipcia, creo en Egipto.

Esta carta no tiene valor político. El propósito de esta carta no es crear controversia o amenazar la seguridad nacional. Hoy le escribo
como ciudadana a su presidente.

Estoy interesada en el fortalecimiento de los lazos entre nosotros para beneficio de Egipto. En otras
palabras, solo deseo que usted pueda llegar a
conocerme mejor.
Sr. Presidente, como ya he mencionado, yo creo
en los pilares que mantienen unida nuestra
sociedad, como son la honestidad, el respeto y
el patriotismo. Sin embargo estoy desconcertada y muy consternada por la forma en la que la sociedad decide tratarme.
Vivo con dolor. Vivo con opresión. Vivo como una ciudadana de segunda.

Vivo con dolor cada día, desde que me levanto para ir al colegio, a la universidad, al trabajo o simplemente, para atender mis asuntos cotidianos. Cuando camino por las calles de mi país, me siento degradada, me siento fuera de lugar. Me siento insegura. En nuestro país, ocho de cada diez mujeres egipcias se sienten inseguras en las calles, y aún más cuando van en transporte público.

Mi dolor deriva de la forma en que soy tratada en nuestras calles. Tengo que sufrir miradas penetrantes, comentarios vulgares y desafortunados, algunas formas de violencia.

Vivo apenada porque el único sitio donde me siento segura es en mi casa. Eso si encuentro consuelo en mi casa, porque nueve de cada diez chicas son disciplinadas con violencia. Lo que es más sorprendente es que las adolescentes de nuestro país están empezando a pensar que la violencia doméstica está justificada, tanto es así que 3 de cada 4 chicas adolescentes creen que está justificado que un hombre pegue a su mujer si ella discute con él.

Metafóricamente, mi gente, o lo que ahora es mi gente, me ha negado el derecho a la libertad, el
derecho a la seguridad, el derecho a vivir.

Esto es solo una parte del infierno en que se ha convertido mi vida. La violencia contra las mujeres continúa siendo una batalla sin final. El 91% de las mujeres de nuestro país ha experimentado mutilaciones genitales. Los peligros de esta ideología anticuada representan una amenaza para el avance de nuestra nación debido a que la mayoría de nuestra sociedad acepta tales prácticas asesinas.

Parece que, a medida que los días avanzaban, Egipto ha retrocedido en lo que a empoderamiento de las mujeres se refiere. Recientemente nuestro amado país Egipto ha sido nombrado el séptimo peor país en cuanto a
políticas de empoderamiento de las mujeres; de 135 países, Egipto está en el puesto 128.
Las desigualdades económicas limitan las habilidades de las mujeres para empoderarse. Una mujer en Egipto es cuatro veces más propensa a estar desempleada que un hombre.

La educación en Egipto es todavía una lucha para las mujeres; la alfabetización de las mujeres adultas es del 58% comparada con el 75% de los hombres adultos. Esos números no me sorprenden debido a que Egipto ha adquirido recientemente un nivel muy bajo en el estado de sus estudios incluyendo el acceso a la educación, oportunidades laborales y participación económica de las mujeres. Incluso, cerca del 50% de las mujeres en nuestro país podrían decir que se enfrentan a problemas que sus compañeros hombres no tienen.

Los básicos de una vida digna como son la educación y la sanidad se han vuelto privilegios
en nuestra nación. La buena sanidad y educación son casi inexistentes. En Egipto, con cada 100.000 nacimientos, 66 mujeres mueren por causas relacionadas con la maternidad y el parto, y la vida de 460 mujeres sigue estando en riesgo de muerte tras el parto.
La educación sanitaria, especialmente la sexual, es casi inexistente. En Egipto, el 14% de los nacimientos son indeseados o están fuera de tiempo. Este es un indicador de las desigualdades sexuales y de las desconocidas
necesidades de las mujeres en Egipto.

La carencia de alfabetización y educación sanitaria y sexual, como es el uso de anticonceptivos, limita las habilidades de las mujeres para planear sus embarazos. Mientras tanto, muchas ideas erróneas sobre la salud de las mujeres y la salud en general como que “el cáncer es contagioso”, provocan que los hombres se divorcien de sus mujeres si ellas contraen cáncer de mama.

Quizás estos números pueden comenzar a explicar por qué vivo oprimida.
Vivo oprimida porque cuando nací, como muchos otros, la sociedad eligió por mí mi destino. He sido destinada a crecer, casarme y
tener hijos. No he sido destinada para ser abogada, profesora o incluso presidenta. He sido silenciada. Me han dicho que lo que yo tuviera que decir no importaba porque soy una mujer.
Soy un ser con sentimientos que no tiene control sobre sí mismo. En un mundo que vive en
circunstancias inhumanas, mis emociones han sido interpretadas como un signo de debilidad.

Yo no soy débil. No he nacido débil. Y no seré llamada débil. Mis emociones son signo de fuerza e integridad. Mi pasión por la sociedad y por un futuro brillante me animan a cambiar. Me animan a convertirme en el cambio que quiero ver en la sociedad. Por eso estoy escribiendo esta carta. Quiero cambiar mi futuro robado y
quiero que usted me ayude.

Sr. Presidente, si quisiera, intente entender la situación en la que me encuentro. A pesar de que Dios me dio el derecho a la libertad, he sido
esclavizada en un mundo que ha paralizado cada esperanza que tenía para mi futuro. He sido estigmatizada. He sido etiquetada. He sido estereotipada en caracteres que hacen muy poco
por expresar mi belleza interior. Los nombres por los que me han llamado, las etiquetas que
he adquirido y los caracteres que la sociedad ha dibujado para mí no captan, ni en su mejor forma, todo el potencial que hay en mí.
Así que no tengo opción más que obedecer a la sociedad, continúo siendo cautiva de la tortura de la sociedad hacia mi género.
Vivo como una ciudadana de segunda clase. En nuestra bella y gloriosa nación, me consideran
indigna de respeto, indigna de admiración e indigna de libertad.

A pesar de todo lo mencionado, todavía me levanto para ser lo mejor que pueda ser dadas las circunstancias con las que crecí.
A pesar de haber dicho lo contrario, yo sabía que mi potencial llegaba mucho más allá de las paredes de mi casa. Sabía que estaba destinada a cambiar la sociedad, sabía que podía cambiar
Egipto.
Esto es por lo que he cantado y he gritado a pleno pulmón por la libertad, cuando he caminado por las calles de mi país con orgullo,
quería libertad para mi país, porque sabía que un Egipto libre supondría también libertad para mí.

Sr. Presidente, quiero preguntarle algo. Pero, antes de preguntar, déjeme ser clara en algo. No quiero su lástima, puedo haber sido una víctima pero no quiero vivir como tal. No me veo como
una víctima. Soy muy consciente de lo que soy capaz de hacer como mujer. Lo que pido es que
llegue a un acuerdo sobre mi potencial. Los problemas a los que me enfrento van más alla de las agresiones sexuales y la violencia. Dicho esto, aprecio los esfuerzos que ha hecho nuestro gobierno para asegurar que estos actos no estén presentes en el futuro de Egipto.
Educación, empoderamiento, salud e igualdad social, solo por nombrar algunos, son ya igualmente importantes.

Sr. Presidente, quiero ayudar a construir Egipto con usted. Quiero ayudar a construir mi país. Quiero que me devuelvan mi futuro y no voy a descansar hasta que me sea devuelto. Todo lo que le pido es que me garantice el derecho a
vivir en mi país como una mujer libre. No solo quiero ser una mujer libre, quiero su promesa de que me apoyará, defenderá y respetará mis deseos hasta el último día en que sirva como presidente.

Quiero que apoye mi lucha. Mi lucha por el salario igualitario, mi lucha por los mismos derechos, mi lucha por igualdad de oportunidades y mi guerra contra los terroristas que acechan en mis calles hambrientos por mi cuerpo.

Por último, pero no menos importante, mi última petición para usted, cuando hable de mí en sus reflexivos y muy bien escritos discursos no me llame “las madres, esposas y hermanas”, porque lo cierto es que soy un miembro de la familia igual que un hombre, o puedo ser una jefa, una doctora, una ingeniera o parte de la protección nacional como una policía.

Quiero que me apoye. Quiero que me apoye a mí, a una mujer egipcia.

Siempre suya,
Una Mujer Egipcia.

Traducción propia de “A Letter From An Egyptian Woman to President Sisi“, escrito por Farida M Ezzat.

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Acerca de Andrea G.

Estudios semíticos e islámicos
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